Bushido: las 7 virtudes del samurai en el siglo XXI

Las 7 virtudes del BushidoEl Bushido es, como sabemos, el camino del guerrero. Los samurai japoneses asumieron  unos principios filosóficos y unas normas de conductas basadas en diferentes líneas de pensamiento (en Japón el Budismo y el Shintoismo, e incluso el Confucionismo, se entremezclan de manera natural) que les sirvieran para guiar sus vidas y prepararles para la muerte, ya fuera la de sus enemigos o la suya propia. Además, ésta forma de vida se vio influenciada por la sociedad feudal japonesa en la que se forjó, organizada en castas. Los grandes señores de la guerra (Daimyo) se procuraron guerreros fieles y sin temor que les defendieran a ellos y a sus intereses en el campo de batalla que fue Japón durante siglos. Las llamadas Siete Virtudes del Bushido constituyen una serie de valores que se establecieron en este contexto, y fueron una estricta referencia para el comportamiento y la manera de ver el mundo de los guerreros japoneses. Pero, después de tanto tiempo y de los importantes cambios que se han producido en el mundo ¿pueden estar vigentes aún esos valores o son ya simplemente un código anacrónico que interesa solo a los románticos de las artes  marciales? Analicemos las Siete Virtudes desde el punto de vista del samurai y comparémoslas con la visión del hombre moderno. Tal vez recorrer el camino por el que transitaron los guerreros de hace siglos nos ayude a encontrar hoy nuestro propio camino.

義 Gi  (Justicia)

Una de las responsabilidades del samurai era defender e impartir la justicia. Tenían, por ejemplo, el derecho de matar a aquellos (de rango inferior) que no cumpliesen con sus deberes o que no mostrasen el debido respeto a sus superiores. Éste sistema tenía una clara función dentro de la sociedad feudal de Japón: perpetuar el orden establecido. Cada elemento cumplía su función y no ponía en cuestión el sistema social, puesto que corría el riesgo de que cualquier samurai le cortase la cabeza. Radical, pero eficaz. Pero no se trataba solo de hacer cumplir una leyes. Más bien todo dependía del sentido de la justicia de los propios samuráis.

Ésta concepción de justicia está ya obsoleta, pero el principio que subyace en ella debería estar presente también en la sociedad actual. ¿No sería mejor el mundo si todos, más allá de respetar las normas, tratásemos de ser justos y defender lo que es justo? Si nuestro sentido de la justicia se impusiera a los intereses personales, si pusiéramos lo que es justo por delante de lo que es conveniente para nosotros, la vida en sociedad sería mucho mejor. La corrupción, por ejemplo, tan de moda en estos días, no tendría cabida. Evidentemente en este supuesto nadie tomaría lo que no es suyo y no perjudicaría a otros, pero además aquellos que les rodean, haciendo valer su sentido de la justicia, tampoco se lo permitirían. Los guerreros de Japón tenían una visión de la justicia de la que hoy carecemos. Tal vez si queremos una sociedad moderna más justa necesitemos, no más leyes, sino más samurai. Y ¿quién representa en esta época a los samurai mejor que los budokas?

勇 Yu (Valor)

No debe malinterpretarse el concepto de valor. No se trata, por ejemplo, de arrojarse en solitario al campo de batalla a lomos de un caballo blanco, gritando y blandiendo la katana al viento para ser aniquilado por el enemigo. Eso no sería valor, sino imprudencia, e incluso locura, más propia del cine actual que de las prácticas de antaño. Sí es cierto que se valoraba mucho el arrojo y el coraje. Por ejemplo, Miyamoto Musashi se jactaba de haber sido el primero en correr a enfrentarse al enemigo en varias batallas. Pero salió indemne, lo que prueba que sabía perfectamente lo que hacía. El valor del samurai era meditado, sereno, una forma de encarar la vida. Aceptaban sus responsabilidades aún cuando éstas fueran desagradables o peligrosas. Y asumían riesgos todos los días, pues la muerte les rondaba permanentemente. Aunque eran riesgos calculados, aceptaban el peligro y lo encaraban sin echarse atrás cuando la ocasión lo valía.

La vida es también un campo de batalla. Y para salir airoso de este combate podemos aplicar esta forma de coraje, y encarar el día a día con la valentía propia del guerrero. Con prudencia y sentido común, pero aceptando las responsabilidades y tomando decisiones valientes si el fin merece el riesgo. Vivir hacia delante, sin complejos, con optimismo y determinación. Con prudencia pero sin miedo a lo que pueda ocurrir, a los errores que podamos cometer, a lo que pueda depararnos el futuro. Los samurai se preparaban para no tener miedo a la muerte, pero como consecuencia de esto no temían tampoco a la vida. Esa actitud vital, esa manera de encarar el combate con la intención de luchar y no esconderse, puede perfectamente extrapolarse también a la batalla cotidiana de estos días.

仁 Jin (Benevolencia)

Del mismo modo que tenían la obligación de impartir justicia, los samurai tenían la capacidad de perdonar las faltas y de hecho, como vemos, se consideraba una virtud y no una debilidad. Éste principio ejercía una labor de equilibrio y de control, un contrapeso que permitía frenar lo que podría ser un permanente baño de sangre. Se le suponía al samurai buena voluntad, lo que reducía notablemente un posible ensañamiento gratuito con los que le rodeaban. Además, el concepto budista de karma (las buenas y malas acciones tienen una repercusión positiva o negativa en el futuro) estaba muy presente en la vida de los japoneses.

Afortunadamente aún hay buena voluntad en muchas personas en los tiempos modernos. También las artes marciales engendran buena personas. Si no fuese así, cabría la posibilidad de que un artista marcial fuese por ahí de pelea en pelea por nimiedades, igual que el samurai malvado podría ir cortando cabezas por cada falta cometida.

El problema es que la sociedad actual, no solo no premia la bondad, sino que en ocasiones la castiga. A menudo se confunde con la estupidez, y tenemos la sensación de que la mala intención es la que realmente triunfa. Las malas personas son los lobos y las buenas los corderos, y todos sabemos que el lobo se come al cordero. Sin embargo, también asociamos la imagen del lobo a la soledad, y la de la oveja al rebaño. Las personas que tienen mala intención a veces consiguen objetivos a corto plazo. Pero quienes les rodean no las apreciarán por su mala intención y no establecerán relaciones verdaderas de amistad, a pesar de su supuestos triunfos. En todo caso el lobo estará rodeado de lobos. Probablemente, incluso teniendo en cuenta sus logros, los malintencionados no puedan sentirse bien consigo mismos. Las buenas personas son, en cambio, apreciadas, y se encuentran rodeadas de otras buenas personas, con buena voluntad, que estarán ahí cuando las necesiten. Es cierto que la bondad atrae bondad. Tal vez éste el verdadero karma. Tal vez éste es el verdadero triunfo.

礼 Rei (Respeto)

F04La conducta social del samurai estaba regida por estrictas normas de cortesía. Para ellos este comportamiento era la manifestación externa del respeto. Y el respeto era algo fundamental. Como hemos señalado, uno de los condicionantes que encontramos en el origen del Bushido es la perpetuación del sistema feudal. El respeto al sistema de castas y a todos aquellos de rango superior subyace tras esta virtud. También el budismo inculca el respeto por los mayores y los antepasados, presente de alguna manera en las artes marciales, en las que se venera a los grandes maestros del pasado y del presente. Pero también encontramos importantes manifestaciones de respeto por el adversario en textos como el Hagakure o el Gorin no Sho. Al fin y al cabo el enemigo no dejaba de ser un compañero de armas, un igual. El respeto que ellos consideraban que merecían era el que tenían por sus rivales, no solo antes o durante la batalla, sino también una vez derrotados o muertos.

En la práctica actual de las artes marciales, las normas y rituales de cortesía se mantienen de forma más o menos rigurosa, pero muchas veces se realizan mecánicamente, sin verdadero significado. Sin embargo, el respeto auténtico está ausente en muchos casos. Tal vez, sobre todo en occidente, donde las formas sociales son distintas, deberíamos  dedicar menos atención a saludos vacíos y palabras huecas y centrarnos más en el fondo, en el auténtico respeto. Respeto por nuestro maestro y por los demás, por nuestros compañeros de dojo y por todas las personas en general. Respeto por quienes opinan como nosotros y por quienes disienten, por quienes nos gustan y por quienes no… y ganémonos así también el respeto para nosotros mismos. Debemos ser corteses, pero no hacer uso de la falsa cortesía. Si practica artes marciales, seguro que ha visto a alguien saludar ceremoniosamente a un compañero o maestro en el tatami y acto seguido criticarle duramente y despreciarle en el vestuario del dojo. Hagamos, como propugna el código del guerrero, que la cortesía sea una manifestación de sincero respeto.

誠 Makoto (Honestidad, Sinceridad)

En la guerra a veces las cosas no son lo que parece. Es lícito engañar al adversario para llevarle a nuestro terreno o para hacerle cometer errores. Pero en el trato personal, los samurái no debían mentir. Como hemos expuesto anteriormente,  eran en ocasiones juez y verdugo a la vez. ¿No se le supone total honradez a un Juez? La palabra de un samurai no se discutía, se confiaba ciegamente en ella. Y por supuesto, se daba por hecho que “decir” y “hacer” eran la misma cosa. Cumpliría su palabra aún a costa de su propia vida.

En los días que vivimos, la sinceridad y la palabra dada han perdido su valor. La sociedad ha convertido la mentira y la trampa en una herramienta útil y tolerable para cumplir nuestros propósitos. Sin embargo, precisamente por este motivo, aquellos que siguen creyendo que su palabra les compromete disponen de una cualidad de la que otros carecen: son dignos de confianza. En los conflictos, ante las dudas o en momentos críticos, podremos estar seguros de que nuestra voz será escuchada, y nuestras palabras tenidas en cuenta como ciertas. El hecho de que los demás puedan confiar en nosotros es también una herramienta útil.

Pero en artes marciales hay otra interpretación interesante de Makoto. La sinceridad y honestidad en la propia práctica. ¿Cuántas veces hemos practicado atacando al compañero una y otra vez sin intensidad y sin intención? Si queremos ayudarle a mejorar, a comprender las técnicas, debemos atacar con sinceridad, es decir, de verdad. Por supuesto sin dañarle (un golpecito de vez en cuando tampoco será grave) pero exigiéndole que su técnica sea correcta y cumpla su función. Si nos acomodamos a repetir facilitando al compañero la ejecución, le estamos engañando, porque cuando reciba un auténtico ataque no podrá ejecutar la técnica. ¡Y será culpa nuestra! Si no sale bien, que sea en el dojo, dónde pueden hacerse las correcciones pertinentes. Pero para ello debemos practicar con total sinceridad. Pon “makoto” en tu práctica.

名誉「名譽」Meiyo (Honor)

Puede decirse que este punto engloba de alguna manera a todos los demás. El honor puede ser sinónimo de la virtud, y es el conjunto de cualidades morales que hacen al samurai digno de serlo, y que le alza por encima de los demás. La habilidad con la espada y las armas no basta, pues cualquiera puede adquirir cierta destreza. El honor era por tanto el valor más preciado para el samurai, puesto que le hacía ser quien era de cara al resto de personas y le permitía ostentar, a él y a su familia, una determinada posición social. No es de extrañar que fueran capaces de todo por honor. Incluso podían llegar a quitarse la vida a través del Sepukku (suicidio ritual en el que se abrían el abdomen) para restaurar su honor, y por extensión, el de su familia y descendencia, ya que la honorabilidad pasaba de padres a hijos, lo que contribuía, una vez más, a mantener los estratos sociales establecidos (aunque también los méritos podían lograr ciertos cambios en la posición social de un individuo).

El concepto de honor actualmente está totalmente en desuso. ¿Qué es entonces lo que establece hoy la posición social de las personas? Efectivamente, el dinero. Hoy el honor es algo más íntimo, más personal. Menos dirigido hacia otras personas y más hacia uno mismo. Diría que más que de honor, podríamos hablar de dignidad. Actuar con responsabilidad y coherencia respecto a nosotros mismos, respetar a los demás y merecer su respeto, hacer valer nuestras opiniones y nuestros derechos, no permitir que nos humillen… de algún modo todo esto nos reafirma como individuos y nos hace dignos de ser quienes somos. La dignidad es probablemente el honor del siglo XXI.

忠義 Chuugi (Lealtad)

samurais.JcjEL0iMxZQkLa lealtad, como virtud a ensalzar en el samurai, tiene también una clara lectura política. Japón, hasta mediados del siglo XIX, era una nación estructurada en clanes. Había diferentes señores nobles (Daimyo) que disponían de fuerzas militares y dominaban un territorio y pugnaban entre ellos por el poder y la hegemonía. El más fuerte era proclamado shogun por el emperador (que era solo un icono de unión, pues no ostentaba poder político alguno) y gobernaba el país. Los demás debían (a la fuerza o por convicción) jurarle lealtad. Por otro lado, dentro de cada clan, todas las personas a cargo de un Daimyo le debían lealtad a él. Por tanto los samurai debían ser leales a su señor, en primera instancia, y al shogun y al emperador. Pero además eran responsables y debían lealtad a sus compañeros de armas, las personas a su cargo y a todos aquellos que estaban bajo la protección de su señor en el clan.

La estructura social ha cambiado, y la lealtad política ya no es un requisito. Pero el concepto sigue vigente, y tal vez no es tan diferente del de los guerreros de antaño como cabría pensar. Le pediré que haga un ejercicio de reflexión y mire dentro de sí mismo: ¿a quién debe usted lealtad?… ¿Ya tiene la respuesta? Probablemente sean personas cercanas, familia y amigos por los que usted estaría dispuesto casi a cualquier cosa. ¿No son estas personas lo más parecido a su clan? Y si practica artes marciales ¿están sus maestros y compañeros entre ellas? Solemos pensar que debemos lealtad a nuestro maestro y nuestros compañeros, y por supuesto el maestro se la debe a sus pupilos. El problema surge cuando esa lealtad se malinterpreta y se confunde con servilismo o sectarismo. A veces se considera desleal, por ejemplo, que un alumno practique con otro maestro u otro arte marcial. Pero tal vez la auténtica deslealtad la comete el maestro que no permite a sus alumnos practicar en otros dojos o con otros maestros. ¿No se confunde en este caso lealtad con exclusividad? La verdadera lealtad es la que permite al alumno practicar con otros, aprender cosas nuevas fuera del dojo, y regresar una vez más con su maestro o al menos seguir sintiéndose su alumno. Es la que hace, independientemente de los avatares de la vida,  que siempre se mantenga esa relación tan especial que tienen alumno y maestro en las artes marciales.

Juan Antonio García Ruiz
www.karatekidokan.com

 

 

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8 comentarios en “Bushido: las 7 virtudes del samurai en el siglo XXI

    • Sí que lo es Edgar, aunque a veces en lugar de las raíces nos quedanos en lo externo solamente. Incluso los propios japoneses, a veces, “venden” más lo exótico y la parafernalia que la auténtica esencia. Gracias por deficar unos minutos a leer nuestro artículo.

      Me gusta

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