Los 10 mandamientos de las Artes Marciales

En su momento ya presentamos los 7 pecados capitales del artista marcial. Hoy nos proponemos adaptar los famosos 10 mandamientos de la religión cristiana a las artes marciales.

1. Amarás tu arte marcial, pero no sobre todas las cosas.

Todo artista marcial ama su arte. El verdadero arte marcial exige esfuerzos, que realizamos con placer porque nos apasiona. Esta pasión es necesaria, pero hay que tener cuidado. Corremos el riesgo de pensar que lo que hacemos es mejor que lo que hacen los demás, y de menospreciar otros sistemas. Que amemos nuestro arte marcial no significa que no haya nada fuera de él, otros sistemas válidos y respetables que incluso puedan aportarnos dentro de nuestra propia práctica. Amar lo que uno hace es bueno, pero encerrarse y no mirar hacia fuera no lo es.

2. No nombrarás la tradición o la eficacia en vano.

Es inevitable que empleemos en ocasiones términos como “tradicional” o “eficaz”. Debemos ser responsables y plantearnos si los usamos después de una profunda reflexión o si es por costumbre y sin fundamento. Si todo es “tradicional” y todo es “eficaz”, entonces estas palabras tienen muy poco valor. Debemos por tanto emplearlas adecuadamente para que cuando lo hagamos estén cargadas de significado y no terminen convirtiéndose, en nuestra práctica, en palabras vacías.

3. Santificarás la práctica.

Si eres un artista marcial, éste mandamiento lo tienes claro. ¿Qué haces para aprender o corregir la técnica? Practicar. ¿Qué haces para mejorar tu condición física? Practicar. ¿Qué haces para concentrarte mejor? Practicar. ¿Qué haces si tu práctica no da resultado? Practicar más o practicar mejor. A veces es cuestión de cantidad, de horas, de más esfuerzo. Otras es cuestión de calidad, de concentración, de estudio. Es importante conocer las bases teóricas de lo que hacemos, analizarlo, comprenderlo… pero el medio para alcanzar las metas y progresar en un arte marcial es siempre la práctica. Bendita práctica.

4. Honrarás a tus maestros y compañeros.

En las artes de combate se establecen relaciones muy especiales entre los practicantes. Se produce una interacción física, una pugna, un enfrentamiento que es aceptado por las partes como un medio de aprendizaje mutuo. Esto crea un vínculo especial con los compañeros. Además, el hecho de superar juntos los obstáculos, de esforzarse uno al lado del otro, de sudar en el tatami… contribuye a fortalecer este vínculo. Todos ayudan a todos a progresar. Y especialmente, por supuesto, el maestro. Esa persona que trata de orientarnos y nos da las herramientas para crecer. Maestro y compañeros son el activo más importante de nuestro aprendizaje y de nuestro desarrollo como personas y como artistas marciales. Es por ello que debemos agradecérselo con nuestro más profundo respeto.

5. No te rendirás.

Las artes marciales suelen considerarse un camino. Pero desde luego no es un camino cómodo. Es más bien una cuesta arriba por una montaña escarpada, en la que encontramos numerosos obstáculos. Muchos se desvían, pensando que nunca alcanzarán la cima por ese camino duro y difícil, y buscan otra ruta más fácil. Se acomodan… y se pierden . Pero otros… otros se dan cuenta de que el objetivo no está en la cima, sino en recorrer el propio camino, y en cada obstáculo encuentran una oportunidad de progreso y desarrollo personal. Estos aprenden que darse por vencido es desaprovechar esas oportunidades, y no se rinden nunca. Estos son los auténticos artistas marciales.

6. No cometerás actos violentos.

Generalmente a las artes marciales se asocia un principio fundamental: la no violencia. En su ánimo siempre ha estado la defensa de un bien superior. En cualquier caso, si su objetivo fue alguna vez hacer daño, ha sido únicamente en la batalla. Las técnicas de lucha son peligrosas, y los maestros se han cuidado siempre de transmitir valores, asegurándose de que lo que enseñan no se empleará vilmente. Las artes marciales tienen un componente intrínseco de agresividad, pero controlada por los valores y la buena voluntad de los practicantes. Por ello, un artista marcial violento no es un artista marcial, sino alguien que se sirve de las artes marciales.

7. Nunca dejarás de practicar.

Si las artes marciales fuesen una carrera, sería de fondo y no de velocidad. A veces hay altibajos, y ciertos períodos de tiempo en los que se reduce la práctica. Muchos, por cuestiones diversas, viven épocas en las que el entrenamiento pasa a un segundo plano. Pero el verdadero practicante, si hay alguna posibilidad, continúa su aprendizaje aunque sea ocasionalmente, practicando de vez en cuando, o leyendo libros, o charlando de ello con los amigos… esperando mejores tiempos que le permitan volver a entregarse a la práctica diaria . Las artes marciales son para toda la vida, y las circunstancias familiares, de trabajo, las lesiones, la edad, etc… influirán siempre en nuestra práctica, pero nunca hasta el punto de impedirnos seguir siendo lo que somos: artistas marciales.

8. No dejarás los valores en el tatami.

Respeto, humildad, cortesía, capacidad de esfuerzo, voluntad de ayudar a los demás, sentido de la justicia, honradez… son algunos de los valores que día a día se ponen de manifiesto en  el dojo o el lugar de práctica de las artes marciales. Sin embargo, a veces los dejamos ahí. Saludamos efusivamente al maestro y a los compañeros, pero no a las personas con las que nos cruzamos en otros lugares; soportamos el entrenamiento más duro en el tatami, pero no afrontamos los problemas del día a día; realizamos muchos rituales respetuosamente, y luego nos comportamos como si no nos importasen los demás. Los valores del artista marcial no son solo para la práctica, sino que deben formar parte de la vida. Un buen artista marcial debe ser, ante todo, una buen a persona.

9. No olvidarás que te queda mucho por aprender.

Un compañero y gran maestro dijo una vez: “no existen maestros, sino alumnos con más o menos tiempo de práctica”. Si en algún momento pensamos que hemos aprendido lo suficiente, es que no nos hemos enterado de nada. Si perdemos el afán por experimentar, por comprender, por comparar… en definitiva, si perdemos el afán por aprender, nos habremos perdido a nosotros mismos. Cuanto más nivel tiene un artista marcial, más difícil le resultará progresar y, por tanto, mayor debe ser su receptividad, su actitud de aprender de todo y de todos. Es fácil plantarse y decir:”esto es suficiente”. Pero ¿no ha quedado claro aún que, en las artes marciales, plegarse a lo fácil es el verdadero enemigo?

10. No codiciarás el dinero y el reconocimiento, sino el aprendizaje y el crecimiento.

Personas de mi entorno han criticado recientemente que los maestros actuales de artes marciales cobren por sus clases y que algunos persigan la obtención de ciertos grados o títulos de enseñanza. Ojalá no fuese necesario, pero el mundo moderno está organizado así. Sin embargo, hay quienes llevan al extremo esta necesidad y abusan de las artes marciales. Si me permiten la grosería, las “prostituyen”. En ocasiones por dinero y en otras por engordar un desmedido ego. En ciertas organizaciones el requisito fundamental para obtener un grado es poder pagarlo, y no faltan quienes están dispuestos a todo por ostentarlos, aunque obtener un grado sin el conocimiento y las capacidades que le corresponden es tan absurdo como comprarse un coche sin saber conducirlo. Afortunadamente, el tiempo y el tatami suelen poner a cada uno en su sitio.

Juan Antonio García Ruiz
www.karatekidokan.com

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3 comentarios en “Los 10 mandamientos de las Artes Marciales

  1. Pingback: Top 10 de artículos de artes marciales 2015 | BLOG KIDOKAN SEVILLA

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