Nihon ni ikimasu: diario de un viaje a Japón (4)- Kuniyuki Kai, Tesoro viviente del Budo

En el dojo de Kai Kuniyuki Sensei con el maestro y su alumno Nakasone san

Seguro que has visto películas de muertos vivientes e incluso algún que otro belén viviente pero… ¿alguna vez has practicado artes marciales con un tesoro viviente?

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Kai Kuniyuki Sensei, Tesoro Nacional de Japón

Pues eso es precisamente lo que nosotros hemos ido a hacer a Kyushu, una de las islas principales de Japón, donde reside el gran maestro de artes marciales Kuniyuki Kai, al que el gobierno nipón ha otorgado el honor de ser considerado Tesoro Cultural del Budo Tradicional. ¿Por qué? Solo porque es Cinturón Negro 10º Dan de Karate Goju Ryu y 9º Dan de Aikido, Kobudo okinawense, Iaido, Jodo y Jujutsu, y además Menkyo Kaiden (el más alto reconocimiento) de varias escuelas tradicionales de artes marciales japonesas. ¡Y esto es únicamente un resumen! Seguro que puedes entender que ante la posibilidad de conocer y practicar con una eminencia como el maestro hayamos desviado nuestra ruta hacia Kyushu ¿a que sí?

Su dojo está en Nobeoka, una pequeña localidad costera si demasiadas distracciones, así que durante los tres días que duró nuestra estancia allí nos concentramos en lo que de verdad nos importaba: aprender y practicar. Pero el avión nos dejaba en Kumamoto y entre ambas localidades hay una hermosísima región de grandes montañas y abundante vegetación, casi virgen. Esto nos supuso un contratiempo, porque no pudimos llegar directamente a Nobeoka y tuvimos que hacer noche en Takamori, una pequeñísima localidad justo en medio de las montañas donde, eso sí, disfrutamos por unas horas de los preciosos parajes naturales de Kyushu.

Al día siguiente, cuando llegamos a la Estación de Autobuses sobre las 16 h. de la tarde ya nos estaba esperando Nakasone san, alumno del maestro Kai, para llevarnos a practicar. ¡Ni siquiera habíamos comido!

Nos encontramos con que el dojo se encuentra en una zona preciosa, en los aledaños de lo que antaño fue el Castillo de Nobeoka y rodeado de jardines y parques. Tiene una planta baja amplia que alberga el dojo principal, y una segunda planta con otro más pequeño.

La actitud del maestro nos sorprendió sobre manera. Esperábamos a un maestro estricto, serio y con un trato formal y distante, pero ¡nada más lejos de la realidad! Nos saludó efusivamente, nos preguntó por el viaje e inmediatamente nos pudo a practicar. Tras el saludo inicial, comenzamos con karate. Nada menos que el kata Sanchin. Aprendimos los movimientos y luego trabajamos sobre la respiración, con el maestro dándonos explicaciones y Nakasone san ejecutando con nosotros. Además, ambos nos realizaron diferentes demostraciones, llamando mucho la atención la ejecución del kata por parte del maestro. A pesar de la edad y de su carácter afable, el poder que transmite haciendo karate es impresionante. Tras dos horas de trabajo y sudor, mucho sudor, tuvimos ocasión de pasar por el hotel, deshacer la maleta, ducharnos y descansar un poco, porque a las 20 h. estábamos de nuevo citados para entrenar. En esa ocasión tocó Tensho.

Nuestra entrevista aparece en este diario local de Nobeoka

Al día siguiente por la mañana llegamos temprano, pero el Sensei Kai ya nos esperaba en el dojo. Y no estaba solo. Le acompañaba un periodista de un diario local, que nos hizo algunas fotos y una breve entrevista. ¡Nos sentimos muy honrados en todo momento con el trato del maestro Kai!

Después de la entrevista era momento de practicar Jujutsu, y el maestro decidió trabajar el estilo Asayama Ichiden Ryu, escuela muy antigua que deriva directamente de los samurai. Particularmente, me gusta mucho esta escuela, así que me alegró muchísimo la elección del maestro. Durante dos horas perfeccionamos las cuatro primeras técnicas. Nuestros brazos y nuestras muñecas sufrían de lo lindo, pero la oportunidad que teníamos de practicar con Kai Sensei era una motivación más que suficiente. Una vez concluimos, nos duchamos y el maestro nos invitó a comer junto a Nakasone san y Tamayo san, otra alumna del maestro que además habla italiano, lo que nos permitió conversar con cierta fluidez.

Disfrutamos de unas horas de descanso en el hotel y de nuevo marchamos al dojo para practicar otras cuatro técnicas de Asayama. Pero antes Kai Sensei y Nakasone san (no le llamo sensei porque nos lo pidió él mismo) ejecutaron para nosotros una magnífica demostración de Iaido de varias escuelas y de Shindo Muso Ryu Jodo, y tres alumnas de Tai Chi de entre 65 y 85 años también realizaron dos formas para nosotros con una plasticidad envidiable. ¡Quedamos impresionados! También el maestro Kai tuvo la deferencia de regalarnos una gran botella de sake, el licor japonés por excelencia, y unos cuencos para beberlo. La cortesía y entrega del maestro y sus alumnos es difícil de reflejar en un texto, pero les estaremos infinitamente agradecidos y se han convertido en todo un ejemplo para nosotros.

La última jornada de mañana estaría destinada al Iaido. En esta ocasión la asistente en la clase fue Tamayo san, y con ella y bajo la supervisión de Kai Sensei aprendimos las primeras katas del estilo Mugai Ryu. No estamos acostumbrados al suelo de madera, ya que el tatami de nuestro dojo es blando, y nuestras rodillas amoratadas eran una clara prueba de ello.

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Junto a Kai Sensei, Tamayo san y Nakasone san

Tras dejar de nuevo los iaito en su sitio, solo nos quedaba darnos una ducha en el dojo y partir en autobús hacia Kumamoto. Pero el maestro quiso acompañarnos y, en su bicicleta y con un kimono tradicional japonés, vino a despedirnos a la estación. Allí volvimos darle las gracias a él y a sus alumnos por sus atenciones con un saludo en seiza antes de subir al autobús que nos llevaría a Kumamoto. Esperamos de esta manera haber podido transmitir al menos una parte de nuestro inmenso agradecimiento.

En el aeropuerto de Kumamoto nos esperaba el avión que nos llevaría de vuelta a Tokyo, el punto de partida y final de nuestro recorrido por la historia, la cultura y las artes marciales de Japón. Pero después de todo lo que hemos vivido en las últimas semanas, pienso “¿Nos guardará el país del sol naciente alguna otra sorpresa antes de regresar a casa? ¿Volveremos alguna vez a Japón para compartir nuevas experiencias con las personas y maestros que hemos conocido en este viaje?”. Y una sonrisa se dibuja en mi rostro cuando compruebo que en mi mente y mi espíritu solo hay una respuesta posible: “Por supuesto que volveremos”.

Juan Antonio García Ruiz

www.karatekidokan.com

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